domingo, 3 de marzo de 2013

DE PADRES OBESOS, ¿NIÑOS OBESOS?

¿Realmente es la genética la culpable de que de padres obesos salgan niños obesos?
Se estima que los hijos tienen un 50% de posibilidades de ser obesos si uno de sus progenitores lo es y un 80% si los dos lo son.



La herencia juega un papel fundamental en el desarrollo de enfermedades a lo largo de nuestra vida. Se ha demostrado que en el caso de la obesidad, una mutación en el gen FTO determina una mayor predisposición a padecerla. Sin embargo, un mayor riesgo de padecer una enfermedad no significa que exista un 100% de posibilidad de desarrollarla.

En el caso de la obesidad, se ha demostrado que es una enfermedad MULTIFACTORIAL. Esto significa que influyen otra serie de factores además de una predisposición genética a paderla: el patrón alimentario, la cantidad de ejercicio que realizo, la preferencia por determinado tipo de comidas o las preferencias lúdicas son factores que influyen de manera directa sobre el desarrollo de una enfermedad.

En definitiva, lo que quiero que quede claro es que aunque exista una predisposición a padecer la enfermedad lo que realmente será determinante en su desarrollo son nuestros hábitos y comportamientos.


¿CÓMO EVITO QUE MIS HIJOS PADEZCAN OBESIDAD?

Los niños aprenden por imitación. Por tanto, si queremos evitar que los hijos desarrollen obesidad tendremos que descubrir cuáles son los errores que cometemos en nuestra dieta y estilo de vida. Analizar nuestros errores y dificultades y encontrar soluciones o estrategias ayudándonos para ello de profesionales cualificados debe ser el primer paso para una correcta prevención. En definitiva, la base del tratamiento de obesidad infantil es el cambio de los hábitos alimentarios de toda la familia, no solamente los del niño, de ésta manera el niño los interiorizará.

Sin embargo, existen multitud de creencias erróneas en torno a qué es una alimentación equilibrada para un niño. Una de ellas bastante común es la preocupación por los padres porque el niño "coma poco"Es por ello que muchos niños y niños están sistemáticamente sobrealimentados durante la infancia porque, como decían nuestras abuelas, "cuanto más rollizo, mejor criado" Las raciones deben ajustarse a la edad del niño, no a la satisfacción de los padres de ver el plato acabado. Además el tamaño de los platos no debe ser el mismo que el de los padres, necesitan menos cantidad para sentirse satisfechos.

 Buenos hábitos desde chiquitines. A partir de los 3 o 4 años los niños empiezan a opinar sobre su vida, su ropa, juguetes y sobre su alimentación. Si en casa se come poco pescado, verdura, frutas y legumbres se van afianzando hábitos de conducta poco saludables que con el paso del tiempo serán más difíciles de modificar. Cuanto antes enseñemos un estilo de vida saludable, menos riesgo tendrá de padecer obesidad y sobrepeso en su vida adulta.

Por último, quiero recalcar que los niños no deben ser sometidos a un régimen estricto. Para que el niño normalice su peso no es necesario en la mayoría de los casos ponerle a dieta sino cambiar una serie de hábitos y aumentar la actividad física. Si además estos cambios los realiza toda la familia el niño no se sentirá discriminado, hecho que podría frustrar su pérdida de peso. Algunas estrategias para aligerar calorías de los platos favoritos de los niños son:




Como podréis observar una modificación en la técnica de cocinado puede favorecer una disminución significativa de las calorías sin tener que renunciar al plato. Por ello, es importante que el cocinado al vapor, el hervido, horno, plancha y papillote predominen frente a los fritos, rebozados y empanados. Éstos últimos se consumirán un máximo de 1 vez por semana.

Además también podemos elegir versiones más saludables mermando así significativamente las calorías como veréis en este ejemplo:




Si en vez de un Happy Meal le doy un plato de macarrones, una ensalada y una fruta estaré aportándole  120 calorías menos y ,a la vez, una comida más  rica en vitaminas, minerales y fibra. Lo mismo ocurre con los zumos y las frutas: la pieza entera aportará menos azúcares, menos calorías y más fibra que el zumo por lo que conviene moderar su consumo.

En definitiva, hacer elecciones saludables a la hora de la comida y fomentar la actividad  física son la base más sólida para que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes.


5 comentarios:

Me ha gustado mucho las comparaciones y sugerencias que has hecho. Eso es lo bueno de tus posts, que no se quedan en la teoría, siempre aportan algo práctico fácilmente aplicable a la vida real.

Apunto una gran cosa, al educar a la familia en cómo alimentar a los más pequeños no sólo invertimos a corto plazo por cambiar su nutrición, la gran repercusión vendrá cuando de adulto sepa valorar la educación que le han sabido transmitir y el gusto por diferentes preparaciones/alimentos que le han inculcado.

Totalmente de acuerdo. Hay que acostumbrar a los niños desde pequeños a los buenos hábitos alimenticios y a realizar algún ejercicio físico. Reconducir los hábitos de mayor cuesta...

Exacto midietacojea, con la educación nutricional de los niños ganamos adultos sanos:)