lunes, 15 de abril de 2013

III CARNAVAL DE NUTRICIÓN: Nutrición y Educación

Cuando me preguntan por qué decidí ser nutricionista, qué fue lo que me atrajo de la nutrición sin duda diría que su juventud. Sí,sí, ya sé que la nutrición es una ciencia antiquísima, ya Hipócrates venía diciendo eso de que el alimento sea tu mejor medicina y que tu mejor medicina sea tu mejor alimento, sin embargo, seguimos en pañales. Hay tantas páginas en blanco que escribir, tanto conocimiento oculto por descubrir que precisamente eso es lo que me fascina de esta ciencia.



Es multidisciplinar: se nutre de la microbiología, de la bioquímica, de la química, la fisiología, la anatomía y muchas otras disciplinas diferentes que nos dan pistas para ir encajando las piezas de este complejo puzzle. Sin embargo, yo me voy a centrar en esta entrada en una de las muchas disciplinas que la componen: la educación y es que, a mi modo de ver, un buen nutricionista también tiene que ser un buen educador. De nada sirve que yo conozca a la perfección la estructura de una proteína y su función en el organismo si yo no sé transmitir su importancia al paciente.

La educación nutricional ya se está usando como herramienta para prevenir numerosas enfermedades surgiendo numerosos proyectos como la estrategia  NAOS en España o la campaña Let´s move en EEUU para prevenir la obesidad. Sin embargo, en el caso de España (más allá de nuestras fronteras no me voy a meter) hace falta más trabajo, más presencia del nutricionista para promover buenos hábitos.


Los hábitos alimentarios se gestan en el seno familiar del niño pero dependen de muchos otros factores, desde económicos a culturales pasando por la influencia social de los medios. Evidentemente pensaremos que la economía será un factor determinante para seleccionar los alimentos que compondrán nuestros menús, sin embargo, actualmente  con economías reducidas se puede observar un abuso de alimentos más caros en detrimento de otros más económicos y nutritivos. Por tanto, no es tanto un tema del bolsillo sino más bien una elección hedonista: comemos no lo más nutritivo sino lo que nos resulta más sabroso y si se acompaña de una preparación rápida y sencilla se convertirá en el top ten de las neveras españolas.

El punto de inflexión que puede representar la diferencia a esa inadecuada elección de alimentos es,sin duda, el nutricionista. Una persona que abra los ojos a la población y que haga que tomen conciencia de que la alimentación no es sólo una cuestión de paladar sino también un medio de prevención y de curación de numerosas enfermedades. Alguien que eduque de nuevo su paladar y le permita ver que existe más vida después del bistec con patatas fritas y la pizza precocinada. En resumen, un profesional que promueva hábitos de alimentación saludable y  que los haga perdurar generación tras generación.

Por eso más que nunca hace falta una pizca de imaginación para poder inventar metáforas y transformar los arduos tecnicismos en conceptos fáciles de digerir para que no se queden atragantados con la falta de voluntad del paciente. En definitiva nuestro buen hacer puede ser la mejor vacuna para esta desorientada, nutricionalmente hablando, población. ¿Puede existir mejor satisfacción que ayudar a construir los cimientos de la salud pública?
 Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia”




2 comentarios:

Me ha gustado mucho porque nunca lo había visto de ese modo! y tienes razón! ahora falta que nos dejen!

Que nos dejen!!! YA!!!! Son millones de millones tirados a la basura en medicamentos prescindibles