lunes, 23 de junio de 2014

¿A MENOS GRASA CORPORAL MAYOR RENDIMIENTO DEPORTIVO?






La búsqueda de un bajo peso y baja grasa corporal  conduce a que muchos deportistas lleven a cabo dietas extremas, con severas restricciones calóricas para conseguir el tan deseado aumento de rendimiento físico.

Esta tendencia es más acusada en los deportes de resistencia (carrera de media y larga distancia, triatlón, ciclismo, etc) y sobre todo entre las mujeres.




No es algo que se observe únicamente en la élite, a día de hoy cada vez más y más mujeres se animan a intentar una trail, ultratrail, maratones o ironman. Cuando empiezan a "entrenar en serio" (con un objetivo ambicioso como los mencionados anteriormente) comienzan a perder peso y van mejorando significativamente sus marcas. Con el paso del tiempo, Seguirán restringiendo sus ingestas pero ya les cuesta mucho más conseguir esa rápida metamorfosis que obtuvieron en el inicio. Por este motivo, recurren a una dieta severa, inflexible y prácticamente punitiva.

La alimentación se convierte en una rutina, deja de resultar un placer para convertirse en algo necesario, como el respirar, pero que no necesariamente tiene que ser lúdico. Da igual si es monótona, aburrida y sosa, lo único importante parecen ser las calorías y la baja grasa corporal.

¿Qué hace tan deseable la pérdida de grasa corporal?

El sueño de alcanzar un bajo porcentaje de grasa corporal puede estar asociado a:

-A menos peso, más fácil, cómodo y liviano se hará su transporte. Un exceso de peso supone una pesada carga que dificulta nuestro avance sobre todo  en deportes como: escalada, atletismo, ciclismo, etc

-Cuestión estética. En determinados disciplinas en las que la estética es parte fundamental de la práctica deportiva (ballet, gimnasia...)

-Mejora de la relación potencia-peso (por ejemplo, carreras de velocidad)

-Requisito imprescindible para determinados deportes divididos por categorías de peso (remo, boxeo, judo...)

¿Realmente cuanto más "fino" mejor?

No es siempre necesario ni saludable esforzarnos por tener un peso y porcentaje de grasa corporal igual o inferior que otro atleta exitoso. De hecho, un bajo porcentaje de grasa corporal, o los métodos empleados para lograrlo, pueden tener un efecto perjudicial para el rendimiento deportivo:

- Pérdida de la amortiguación y efectos aislantes de la grasa corporal (mayor sensación de frío y riesgo de hipotermia en ambientes fríos por falta de aislante térmico)

- Cambios hormonales en las mujeres pudiendo generar amenorrea y complicaciones óseas asociadas ( osteoporosis)

-Posibles déficits nutricionales a consecuencia de una inadecuada cobertura de sus requerimientos lo que conllevará también un mayor riesgo de aparición de lesiones.

- La pérdida del placer de comer haciendo que la comida se convierta más que en un acto lúdico en un hastío. Esto puede repercutir en mal humor, pereza y pérdida de motivación en el deportista.

-Menor protección de los órganos internos frente a lesiones por contacto directo

-Cansancio e incapacidad de completar los entrenamientos

-Supresión del sistema inmunitario lo que hace que con más frecuencia se pongan enfermos

-Aumenta el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria: alimentación desordenada y vinculada a un obsesivo control de las calorías.


Paralelamente el cuerpo se adapta a esta disminución de calorías. Se activa "el modo ahorro" y el metabolismo basal se enlentece. El cuerpo es una máquina de perfecta adaptación que "tira" con lo que tiene, lo cual no significa que a largo plazo el tan deseado aumento de rendimiento deportivo no se vea frustrado por temporadas de lesiones en espiral.

Definitivamente, es importante tener un peso y porcentaje de grasa corporal idóneo al deporte que se practica pero si realmente se quiere obtener un mayor rendimiento tendremos que partir de una adecuada salud. Sin ella no haremos más que poner tiritas y parches transitorios que no nos llevarán más que a un amargo resultado final



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